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Es algo innegable. Algunos de los hombres y sobre todo mujeres, más bellos que he visto en mi vida ha sido en India. Su mirada es impresionante, inolvidable.
Ellas son coquetas. Maquillan sus ojos con Khol, utilizan telas de vistosos coloridos, se adornan el cuello, manos, nariz, orejas y tobillos con collares, pulseras y pendientes y se pintan tatuajes de henna (mehandi). Pero lo más seductor es sin duda, sus miradas. Además del componente curioso del pueblo indio que de por sí, lo mira todo, clavan sus miradas hasta hacer ruborizar al occidental.
A pesar de ser un país pobre, ellos y ellas tienen muchos secretos estéticos. Una vez en un autobús que iba de Delhi a Rishikesh (hablaré de ellos, sobre todo de la espectacular Rishikesh, cuna del Yoga donde hasta los Beatles ingresaron en un Ashram), un indio que sólo hablaba indi vendía una tela roja que introducía en un vaso a modo de demostración, lo que nos costó unas cuantas risas de los indios a nuestra costa. Pensábamos que era un producto de limpieza y lo que hacía era blanquear los dientes.
Según he leido hoy en el diario vasco, el último grito en estética en la India son los tratamientos faciales con polvo de piedras preciosas recogido en los talleres donde se trabajan las joyas.
La fotografía la tomé el verano de 2005 en Rishikesh.(Impresionante pasar el puente. ¿Véis los monos?. Quiero volver).

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