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Hay algo que no soporto del verano (del campo y de los viajes tropicales): los insectos. Tan viscosos, tan pequeños, tan imprevisibles (algunos) – Sí, soy de las que la escena de la película de Indiana Jones plagadita de bichos quedó grabada en algún lugar del inconsciente, pero de ninguna forma soy una histérica, soy consciente del papel fundamental que desempeñan y al final, aprendo a convivir con ellos. Sin ir más lejos, en mi época de compartir piso en pleno barrio gótico de Barcelona convivíamos con una comunidad de vecinas importantes, las cucas, y anécdotas varias a lo largo de la vida, dejan mi relación con esos bichejos en eso, en simples anécdotas. Pero hay algo que me inquieta más. Cerca de donde vivo en Barcelona vive, vuela y pica el mosquito tigre (Aedes albopictus), una especie que procede de Asia con un rango de adaptabilidad muy alto y que pica, siempre de día, a través de la ropa, dejando unos fuertes dolores, inflamaciones y reacciones alérgicas. Además puede ser portador del dengue y la fiebre amarilla, además de transmitir enfermedades víricas a los animales. O sea, toda una joya con alas que amenaza por extenderse por todos lados.
Más bonito ha sido el descubrimiento de un insecto autóctono en Oiartzun descubierto por la Asociación Entomológica de Gipuzkoa, como dice el Diario Vasco. La Mayetia amicorum’, un pequeño estafilínido de dos milímetros de longitud con D.O euskaldun.

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