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A contracorriente

Yo soy de las que siempre ha pensado que mi ciudad de origen, Donosti, es una de las más avanzadas y desarrolladas del planeta. Puede ser que, mis gustos musicales, artísticos y culturales no casen con la gran mayoría de la sociedad, pero en mi ciudad siempre ha habido un gusto exquisito por aquello que sobrepasa la “delgada línea” comercial. Es cierto que hay mucha gente de esa que acude en masa a conciertos insulsos (juventud divino tesoro), pero hay otros muchos con un gusto especial y auténtico, musicalmente hablando.
Pero no todo es rosa en mi forma de ver estas cosas. Sólo hay que enterarse de la asistencia a conciertos de menganito y fulanita que cantan en play back, engendros creados por las maléficas leyes del marketing y semi productos que salen de concursos de televisión, en definitiva, Bazofia, con mayúsculas. Pero ya me he desengañado, en mi ciudad como en todas hay gente que se deja llevar por la corriente (y no del Cantábrico) general, asiente con convicción cuando otros hablan sin entender qué dicen, van a conciertos ridículos (repito, a mi parecer) y eso hacen con todo. Ay, qué duro es ser exclusivo, tener las ideas claras, no pensar como la mayoría y tener un paladar y un gusto de un auténtico sibarita. (No, no tengo abuela).
Pues bien, todo esto porque ayer se juntaron 700 personas (pasando la noche en la fila y todo) en el Kursaal para el cásting de O.T.

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