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China ni se ha quitado el traje de fiesta tras la inauguración de la mayor presa del mundo para volver a presentar al mundo la puesta en marcha del tren más alto del planeta. Y es que el tren en cuestión, que une China (Qinghai) y Tibet (Golmud), viaja a más de 5.072 metros de altura. Parece ser que finalmente los vagones no están presurizados sino que en el tren viaja un equipo médico que suministra oxígeno, si algún pasajero sufre el mal de altura o siente que la cabeza le vaya a estallar.
La construcción de este tren ha estado lleno de polémica y de elogios. China considera la obra de ingeniería como una proeza humana y la forma de dinamizar económicamente ambas zonas. Desde Tibet, como es obvio, se ve como una intrusión china (fue un proyecto soñado por Mao Zedong hace medio siglo) y la amenaza de colonización por parte china y de pérdida de cultura e identidad.
La fecha escogida para la inauguración, el 85 aniversario de la fundación del Partido Comunista, no es del agrado de los independentistas tibetanos, país invadido por China desde 1951.

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